sábado, 3 de enero de 2009

Ella

Despertó, por suerte era sábado y no tenía que ir al colegio. Para su sorpresa eran las 10, cuando su hora habitual de levantarse eran las 12. Notaba una sensación rara, posiblemente por la noche que había pasado. No tenía ni ganas de desayunar pero se decidió a tomar un vaso de leche cuando su teléfono sonó. Era ella. No sabía que hacer, su voz temblaría cuando intentara hablar, pero se decidió y cogió. Le preguntó si estaba ocupado esa tarde ya que iba a quedar con el resto de la pandilla y quería saber si iba. Le dijo que iría y fijaron la hora en las 5.
Llegó la hora tan esperada, la hora en la que por fin vería a su amada. El resto de la gente ya estaba allí y solo faltaba ella. Cuando la vio aproximarse se estremeció y notó el mismo escalofrío de la noche anterior. Saludó y todos le respondieron excepto una persona. No hace falta decir quién era, estaba demasiado ocupado en mirarla y no pensar en nada más. Solamente reaccionó cuando los vio empezar a andar.
Seguían andando dividiéndose en tríos y dúos. Él hablaba con un amigo mientras ella lo hacía con su respectiva compañera. Las miradas hacia ella no cesaban hasta que llegaron a la hambuerguesería. Hizo todo lo posible por sentarse al lado de ella y lo consiguió. La velada allí transcurrió sin nada de extrema importancia.
Salieron de allí y fueron a un parque donde se sentaron en unos bancos. La gente que sabía lo que sentía por ella no paraba de repetirle que se desahogara, que le dijera lo que sentía de una vez por todas, era eso o morir de dolor otro día más, y finalmente, como siempre, escogió morir de dolor...
Cogieron el bus que les llevaría de vuelta a casa y allí ocurrió lo pero y lo mejor que le pasó ese día. Todo el mundo sabe como se mueve un autobus cuando gira una curva o toma una rotonda. En un giro brusco ella se soltó de la barandilla y para no caerse, lo primero que agarró fue su cuerpo. Con la escusa de la curva, él también la agarró. Cuado el bus se enderezó se separaron. Un minuto que fue una eternidad y que ojalá nunca acabase
Bajaron y se despidieron después de estar unos minutos hablando en la parada. Cuando estaba de camino a casa no podía pensar en otra cosa. Ni si quiera se había percatado de la hora. !11:30! Su madre lo mataría, pero no le importaba.



SeR]...

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